PRIMERA ENTRADA

Autor:manolo
Sin título / óleo sobre cartulina /manolo1995

Ayer inicié la  búsqueda de imágenes sobre la exposición de las carpetas de grabados de la guerra del 14 de Dix. Visualizar los grabados, ni de coña, aunque solo fuera una muestra. Enterarme de cosas, si, malgre moi. Al final he desistido.

Los expresionistas alemanes, el expresionismo todo, ha sufrido dos grandes rupturas: la guerra del 14 y el nazismo. Tan profundas como nuestra guerra civil, de ámbito mucho mas extenso como es natural, nunca permitirán la recuperación del único movimiento artístico y estético que merece la pena considerar desde al cubismo hasta la fecha.

 Aparte de las bajas irrecuperables, como Macke o Marc,  del abollón neuronal que sufrieron Kirchner y  otros muchos, están asimismo los cuadros destruidos por los nazis (no tantos como se dice; preferían venderlos tras su incautación) o los de paradero desconocido. Los autores muertos en 1914-18, la diáspora de 1933, el ostracismo, los bombardeos, etc., han tenido como consecuencia la fragmentación irreparable de la obra expresionista, repartida hoy día por todo el mundo  entre particulares y museos de medio pelo no menos particulares, todo lo cual nos impide contemplar, ni  en  conjunto ni individualmente (la antológica de Beckman en el Gugi de Bilbao era muy incompleta) un movimiento estético tan amplio y variopinto como las ideas personales que sustentaronn sus propios creadores: unos, comunistas dedicados a la crítica indecente y deletérea (Grosz); otros, fachas hasta la médula o alucinados por algún tipo de cristianismo (Beckman, Nolde, Rouault) otros, erráticos, caóticos, estupefactos ante el mundo circundante que los desborda por completo (Kirchner, Dix) reflejándolo así en su propia obra, como era en realidad el punto de partida del movimiento; otros en fin, atesorados por algún mandanga y desconocidos para el gran publico y el mediano hasta el otro día o , tal vez, hasta mañana por la tarde. El caos ideológico,  estético y social que  abocó al expresionismo del que era  reflejo al final lo ha devorado.

 Los museos en la actualidad, privados o públicos, son granjas: la misma estética, la misma gestión, el mismo gusto artístico, los mismos criterios. Las adquisiciones se guían por la leche que la vaca artística pueda producir (previsiblemente) en el establo de la sala correspondiente. Esa leche viene del merchandising como es obvio: alquileres,exposiciones permanentes o temporales, visita previo pago astronómico de la entrada, reproducciones de la obra, postales, llaveros y demás derivados lácteos.  Derivados lácteos que podrían equipararse también al conjunto de obras artísticas que nadie siente deseos de contemplar: el público puede ser inexperto pero no estúpido; a veces incluso hay gente entre los visitantes que tiene buen gusto artístico, ya ves.

El caso mas notorio–por no decir escandaloso– de derivado lácteo del expresionismo alemán es el expresionismo abstracto. Un conjunto de chinorris financiados por la CIA ha alcanzado cierta notoriedad mediante  adecuada y tenaz promoción publicitaria subvencionada. Como el público no es tonto y esa vaca nunca ha rendido lo suficiente, ha sido necesario reconvertirla en derivado lácteo: unamos lo que se posea de expresionismo clásico y el presunto expresionismo abstracto en una única corriente de evolución supuestamente lógica: café con leche pa tós, aunque pidas  orujo. Si quieres ver a Dix tendrás que tragar a cualquier brochas modernísimo de la parte de Manhattan. Duro oficio el de espectador.

De los coleccionistas privados de arte mejor no hablar: son como agujeros negros, todo lo que caiga allí será abducido sin que nadie sepa nada más nunca de la obra. Las honrosas excepciones –si las hay–no cuentan en esto.

 Probablemente nada tenga que ver con lo antedicho el que sea más asequible, dentro de la dificultad, consultar imágenes de Beckmann, conservador a tope, que las de Grosz, rojeras ma non troppo. Existen más imágenes en la literatura del asalto de una casa de honrados labriegos prusianos perpetrado por un comando de delincuentes comunes al mando de un tipo clavao a Lenin que de las del frente 1914-18 de Dix, donde aquella guerra y algunas otras se ven reflejadas tal como son. Esto lo atribuimos a la casualidad sin duda. Jodía casualidad. Las imágenes cristianas de Rouault también son bastante asequibles hasta cierto punto. Hay que ver.

 No busques imágenes documentales con un mínimo de calidad en la red: no las hay. Quizá te enseñen una esquina de una obra de Schad, como los rateros del rastro te enseñaban de tapadillo un reloj de pulsera valiosísimo. El que quiera documentarse o simplemente contemplar, se apreste a pagar entrada para la visita correspondiente (15 dólares en el caso de la Neue Staats Galerie, privada). Esto no es censurable—dios me libre de criticar la economía de mercado– a no ser que a más de la entrada deba uno pagar viaje y estancia a NY o a Munich  para ver un cuadro o dos que acaso tengan interés. Algo similar a como si en las granjas te cobraran un potosí por ver los establos y las vacas moviendo el rabo con perdón. Y encima haciendo una cola kilométrica bajo condiciones meteorológicas adversas.

Por lo menos al final se va  imponiendo la cordura de situar asientos frente a las secciones importantes para contemplar, sino con sosiego sí  despacio, las obras expuestas sin terminar descojonado de la espalda y con hinchazón de pies. Veremos. La idea de poder reproducir en fotocopia de gran formato la obra que te interese aunque sea cara es un buen intento… para el que pueda ir hasta allí, naturalmente. Quizá un día veamos como se apiadan de nosotros—ya lo dudo–, vulgares espectadores, esas granjas colectivas del arte, donde lo mismo te empujan un yogúr de fresa que un suero lácteo no apto para  consumo humano.

 Esto de la pintura no va bien, te lo digo yo.