TRADUCTORES Y TRADUCCIONES

Traducir es uno de los oficios más difíciles, ingratos y peor pagados que ofrece el mercado. Hoy todo el mundo –que remedio–se dedica a la traducción. Traducimos mensajes de un soporte a otro las 24 horas del día: de los manuales de instrucciones al lenguaje materno a ver si entendemos algo; del lenguaje de la prensa al la realidad real; del de la literatura a lo que sabemos por experiencia, del verbal al Word, del gestual al  verbal, del de la banca al de los seres humanos, etc.  Todos a traducir.

No procede resumir las variantes de traducción que nos vemos obligados a practicar a diario (por ejemplo, del lenguaje del BOE al de las personas); me limitaré pues a las traducciones más comunes, las de idiomas exóticos al castellano o bien las de castellano a castellano, más frecuentes éstas de lo que parece.

Si un traductor al castellano hace caso de las directrices lingüístico-ideológicas de la RAE (organismo dirigido largos años por un cura sin titulación que sucedió a otro ídem), o de directores de periódico desaprensivos, la cosa tiene mal pronóstico.

Una muestra: en mi lectura de un libro de Stevenson traducido me he encontrado con un problema curioso en la p.383. En una nota al pie (supongo que N. de la T.) nos dan de “Dapper Dickyˮ (original) la siguiente versión: “Pajarita Gallarda“

No sé de inglés casi ni una palabra, pero dado el contexto de la pagina citada y anterior respecto a la compra en secreto de una novelucha picante por parte de Pepys (rompehuevos torrencial de la parte de Albión, siglo XVI), lo de Pajarita Gallarda parece algo cursi o más.

La  firma  de Pepys en una carta picaruela dirigida a una dama no menos picaruela bajo el seudónimo ‘Dapper Dicky̛ , donde le comenta tan gozosa adquisición, significaría, en el contexto citado, así en plan más libre, Picha Loca, Minga Alegre, etc.

Quizá la traductora haya querido expresar eso con lo de “Pajarita Gallarda”, no sé. Todo es discutible, naturalmente. No obstante, dada la proscripción de palabras castellanas recias y sonoras bajo el epígrafe “palabras malsonantes”, me alarma un poco el eufemismo utilizado, algo monjil. ¿Alguien ha oído alguna vez en estas ásperas tierras eso de ‘pajarita gallarda’?

Los agapantos (Monet): un bella traducción de la realidad

(Que agobio traducir a los traductores.)

Si un autor pone una ‘palabrota’ (o varias) y no se traducen como tales, la versión castellana siempre sonará similar a los ensayos de Balmes, sean cuales sean el idioma de procedencia y la obra vertida. De hecho, así me ha sonado la traducción que comento pero, dado que don Robert tenía vocación de predicador, nunca sabré si el tono general de la versión citada me acerca a Stevenson, me aleja de él, o ni fu ni fa.

Más surrealista aun: una traducción reciente del castellano de Cervantes al actual (los hay atrevidos.)

En un artículo del traductor sobre su propio trabajo (2016) se nos descuelga con la siguiente cita: “… su amo quiere beneficiarse de una vacía llamándola yelmo…ˮ

Versión de pepspaña
óleo s/baraja francesa
manolo1990

Creo que hasta los no versados en el Quijote saben que el artefacto en cuestión se escribe bacía, cuya definición exacta se puede leer en María Moliner, pagina 322, T.I, 3ª acepción.

Siempre se puede echar la culpa de la falta de ortografía a los duendes de la imprenta, etc., pero la excusa no sería creíble ante textos periodísticos que se envía por correo-e al periódico y son publicados tal cual se redactan. Sospecho que la falta es achacable exclusivamente al susodicho “traductor” de la inmortal obra, etc.

El mismo traductor nos menciona en otro suelto que ha traducido astillero por armario, de la cita inmortal “lanza en astillero“. El nuevo contexto indica que don Quijote tenia la lanza ya en desuso, retirada en un armario, en fin…

Se ve que el hombre−el ‘traductor’–no ha frecuentado los billares en la época heroica, 1960, tapetes remendados, bolas que no rebotaban apenas en las bandas; todo el mundo sabía que astillero era el soporte de madera clavado en la pared para colocar los astiles ̶ los tacos de billar en este caso–, entre partida y partida, lo cual implicaba que los tacos estaban listos para ser usados en todo momento, como la lanza de don Quijote. Doña María Moliner incide también en el mismo sentido.

Por lo poco que he visto, la citada “traducción poscervantina debe ser inane de cojones.

Con tanto traductor aventajado como hay por ahí, ya me gustaría que alguien me tradujera la siguiente cita de Montaigne: “Por análogo procedimiento corrigió Seleucio las costumbres corrompidas de los locrios…ˮ (Ensayos, edición antigua).

En cierta ocasión un alacrán de las letras hispanas dijo que cuando uno escribe en un pueblo llega con facilidad a creerse el más listo de la comarca. Algo de razón llevaba: la mayoría de nuestros literatos de hoy dan la impresión de ser naturales de ese mismísimo pueblo imaginario de cuyo nombre sí quiero acordarme: Frenteliterato del Pisuerga

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