La mudanza III

La mudanza III/oleo s/lienzo/100x81/manolo,2010

Muchos me preguntais por qué pinto tantos triciclos y objetos  triviales. Bueno, en realidad nadie me ha preguntado nada pero lo hago porque son los modelos mas baratos, sumisos e inmutables que conozco y puedo pagar. Y lo que es más: me encantan los trastos. Si a eso le añadimos los apuntes que he tomado tras sucesivas mudanzas: voilà.

Federico en la lectura de la maleta de Penón

manolo 90/óleo sobre cartón 44x32
Federico//óleo sobre cartón// 44×32//manolo,1990

El reportaje de  TVE2 del 27 abril de 2009 ,La maleta de Penon, y la lectura posterior del libro Miedo Olvido y Fantasía de Marta Osorio me han servido por fin para esclarecer ante mí mismo en lo posible la muerte del ruiseñor. De paso se acredita que la guerra civil sigue adelante y no terminará en vida del que esto suscribe.

En 1957 Penon investiga, anota y documenta un caso particular de genocidio que aun hoy angustia a mucha gente, como a mi por ejemplo, pero se tiene que largar  a toda prisa de España por prudencia—y por falta de fondos– tras año y medio de investigaciones, no por miedo sino para evitar que alguien se incaute de los papeles cuya edición acabo de leer, entre los que se incluyó el original del certificado de defunción de Federico. ¿Por qué Penon no publicó esa investigación los subsiguientes 50 años? Para evitar represalias y desaparición de pruebas, de eso no me cabe la menor duda.

Los siguientes capítulos son una reelaboración personal mía de los datos que he podido recopilar durante años incluidos los reseñados anteriormente; me gustaría contribuir desde la modestia de mis limites, a una investigación que todavía hoy está en mantillas. Quizá no se llegue nunca a la verdad profunda pero habrá que intentarlo.

Capítulo 1

Verdaderos motivos por los que Federico se fue a Granada  aquel  trágico mes de julio: orden tajante de su padre. Era, iba a ser, san Federico, el 18 de julio, que coincidencia más puta. Se debía  celebrar en familia el santo del patriarca por decreto paterno.

Don Federico es el hombre más rico del pueblo: “Este hijo mío me va a costar una fortuna”, “aquí se cena a las siete o no se cena”, etc. Don Federico es un señor andaluz; eso de que su hijo le haya salido poeta, maricón y escaso de fondos lo lleva regular, aunque  ha de reconocerse que el cariño paterno suele imponerse a sus más íntimas inclinaciones culturales. Pero en la casa familiar manda él y punto.

El padre tiene a Federico en un puño: unos dicen que para protegerlo, otros que para controlarlo, cualquiera sabe. En todo caso la independencia económica del poeta suele andar en entredicho con regularidad, los poetas ya se sabe. Si no fuera  por todo eso  Federico nunca  habría ido a Granada en aquellas fechas.  De hecho pensaba irse a  Buenos Aires a hacer las Américas con la Xirgu.  Eso de largarse al extranjero a Federico le enrollaba un montón; le parecía que allí podía gozar de una libertad inexistente en estas tierras yermas. Su papá se lo prohibió de manera indirecta para aquél día aciago. Primer escalón de la tragedia.

De la madre de Federico, maestra de escuela y pobre no habló casi  nadie. No pintó nunca nada en la vida del poeta ni de la estructura familiar, en coherencia con la actitud de los señores andaluces  de entonces y de ahora

El tópico del apego y amor extremados que Federico sentia por Granada habrá que revisarlo. Con los datos en la mano, Federico no pisó Fuente Vaqueros ni Granada prácticamente el tiempo que duró aquella juvenil y alborotada República de trabajadores de todas clases. Como es sabido, Federico estaba presente en Granada el peor día del peor mes del año más atroz que se haya visto en este santo país.

(continuará)

Monet y la abstracción

 Museo Thyssen y Fundación Caja Madrid

Querría agradecer desde aquí por si vale para algo—lo dudo -, el esfuerzo realizado por todos     los responsables de una de las mejores exposiciones que hayan visto mis ojos (y he visto unas cuantas) acerca de uno de las máximos pintores de la historia del arte contemporáneo, por lo menos en lo que a pintura de caballete se refiere, que es la que me interesa.

el puente japonés 1923

No voy a hablar aquí de la inmensidad de la obra y de la literatura sobre Monet. En la Red puede todo el mundo buscar y econtrar   imágenes sobre el pintor y  la propia exposición  que cito, Si acaso recomendaría las  ofrecidas por el Museo Marmottan, de gran calidad y ampliables, si bien en escaso número. Tampoco puedo reproducir aquí porque no sé hacerlo, el inmenso placer estético que supone la visita real a una exposición de tal altura. Delante de las obras murales de Monet en Giverny  lo único procedente es sentarse, si dejan, y pasarse alli las horas disfrutando. En las salas de Caja Madrid eso era posible. Pasar por  las galerías a paso lento no vale la pena;  solucionable con una visita virtual.

Esas sinfonías de colores y ritmos producen una placer estético que debe ser equiparable al de oir un concierto , no sé si de Bethoven  pero por lo menos de Mahler.

 Me ha fascinado asimismo la potencia biológica de Monet, capaz de pintar una obra inmensa ya anciano y tras una operación de cataratas, que en 1919 no debia de ser para broma.Eso que van diciendo por ahí los expertos sobre que semejante monstruo no ha sido valorado hasta mediados de los 50 del siglo pasado gracias a copistas del Nuevo Mundo no es creible.

  Algo estupefacto me quedé tambien hace poco cuando vi plagios y revisiones del archifamoso Impresiones de un sol naciente hasta en una exposicion de cierto pintor local el año pasado, por no hablar de los expuestos  con el mismo Monet  a los que poca gente prestó atencion (yo, ninguna), como no se la suele prestar a los bicicleteros de domingo que  desfilan ante el publico delante y detrás de una etapa del Tour. Supongo que las revisiones  de la obra de don Claudio se hacen  desde las buenas intenciones: revisemos a quien se admira, pero claro, eso de soplar en una corneta de juguete (de venta en globeros) tras oir un concierto de Gillespie, pues no sé. Asi y todo la exposición ha sido magnífica.

 Mi sensación personal es que en pintura de caballete-clásica-oleo sobre lienzo- no se puede ir mas allá ni más alto que Monet. Dejemos a los dioses en sus altares inalcanzables para contemplarlos allí cuando se pueda. Es enrrolladísimo eso, te lo digo yo.

autorretrato en Potsdamer Platz

Selbstbildnis im Potsdamer Platz

Autor:manolo/oleo s.lienzo/40×40/1996

Dado que no viví (no sé si por suerte) la explosión de creatividad que se produjo, según cuentan las crónicas, en Berlín durante la república de Weimar, me he confeccionado este autorretrato ambientado en dicho periodo para ver qué se siente. El tipo del primer plano pasaba por allí y se ha mosqueado al ver mi aspecto inusual. El del fondo soy yo mismo.

De los años posteriores a 1933 mejor ni hablamos.

PRIMERA ENTRADA

Autor:manolo
Sin título / óleo sobre cartulina /manolo1995

Ayer inicié la  búsqueda de imágenes sobre la exposición de las carpetas de grabados de la guerra del 14 de Dix. Visualizar los grabados, ni de coña, aunque solo fuera una muestra. Enterarme de cosas, si, malgre moi. Al final he desistido.

Los expresionistas alemanes, el expresionismo todo, ha sufrido dos grandes rupturas: la guerra del 14 y el nazismo. Tan profundas como nuestra guerra civil, de ámbito mucho mas extenso como es natural, nunca permitirán la recuperación del único movimiento artístico y estético que merece la pena considerar desde al cubismo hasta la fecha.

 Aparte de las bajas irrecuperables, como Macke o Marc,  del abollón neuronal que sufrieron Kirchner y  otros muchos, están asimismo los cuadros destruidos por los nazis (no tantos como se dice; preferían venderlos tras su incautación) o los de paradero desconocido. Los autores muertos en 1914-18, la diáspora de 1933, el ostracismo, los bombardeos, etc., han tenido como consecuencia la fragmentación irreparable de la obra expresionista, repartida hoy día por todo el mundo  entre particulares y museos de medio pelo no menos particulares, todo lo cual nos impide contemplar, ni  en  conjunto ni individualmente (la antológica de Beckman en el Gugi de Bilbao era muy incompleta) un movimiento estético tan amplio y variopinto como las ideas personales que sustentaronn sus propios creadores: unos, comunistas dedicados a la crítica indecente y deletérea (Grosz); otros, fachas hasta la médula o alucinados por algún tipo de cristianismo (Beckman, Nolde, Rouault) otros, erráticos, caóticos, estupefactos ante el mundo circundante que los desborda por completo (Kirchner, Dix) reflejándolo así en su propia obra, como era en realidad el punto de partida del movimiento; otros en fin, atesorados por algún mandanga y desconocidos para el gran publico y el mediano hasta el otro día o , tal vez, hasta mañana por la tarde. El caos ideológico,  estético y social que  abocó al expresionismo del que era  reflejo al final lo ha devorado.

 Los museos en la actualidad, privados o públicos, son granjas: la misma estética, la misma gestión, el mismo gusto artístico, los mismos criterios. Las adquisiciones se guían por la leche que la vaca artística pueda producir (previsiblemente) en el establo de la sala correspondiente. Esa leche viene del merchandising como es obvio: alquileres,exposiciones permanentes o temporales, visita previo pago astronómico de la entrada, reproducciones de la obra, postales, llaveros y demás derivados lácteos.  Derivados lácteos que podrían equipararse también al conjunto de obras artísticas que nadie siente deseos de contemplar: el público puede ser inexperto pero no estúpido; a veces incluso hay gente entre los visitantes que tiene buen gusto artístico, ya ves.

El caso mas notorio–por no decir escandaloso– de derivado lácteo del expresionismo alemán es el expresionismo abstracto. Un conjunto de chinorris financiados por la CIA ha alcanzado cierta notoriedad mediante  adecuada y tenaz promoción publicitaria subvencionada. Como el público no es tonto y esa vaca nunca ha rendido lo suficiente, ha sido necesario reconvertirla en derivado lácteo: unamos lo que se posea de expresionismo clásico y el presunto expresionismo abstracto en una única corriente de evolución supuestamente lógica: café con leche pa tós, aunque pidas  orujo. Si quieres ver a Dix tendrás que tragar a cualquier brochas modernísimo de la parte de Manhattan. Duro oficio el de espectador.

De los coleccionistas privados de arte mejor no hablar: son como agujeros negros, todo lo que caiga allí será abducido sin que nadie sepa nada más nunca de la obra. Las honrosas excepciones –si las hay–no cuentan en esto.

 Probablemente nada tenga que ver con lo antedicho el que sea más asequible, dentro de la dificultad, consultar imágenes de Beckmann, conservador a tope, que las de Grosz, rojeras ma non troppo. Existen más imágenes en la literatura del asalto de una casa de honrados labriegos prusianos perpetrado por un comando de delincuentes comunes al mando de un tipo clavao a Lenin que de las del frente 1914-18 de Dix, donde aquella guerra y algunas otras se ven reflejadas tal como son. Esto lo atribuimos a la casualidad sin duda. Jodía casualidad. Las imágenes cristianas de Rouault también son bastante asequibles hasta cierto punto. Hay que ver.

 No busques imágenes documentales con un mínimo de calidad en la red: no las hay. Quizá te enseñen una esquina de una obra de Schad, como los rateros del rastro te enseñaban de tapadillo un reloj de pulsera valiosísimo. El que quiera documentarse o simplemente contemplar, se apreste a pagar entrada para la visita correspondiente (15 dólares en el caso de la Neue Staats Galerie, privada). Esto no es censurable—dios me libre de criticar la economía de mercado– a no ser que a más de la entrada deba uno pagar viaje y estancia a NY o a Munich  para ver un cuadro o dos que acaso tengan interés. Algo similar a como si en las granjas te cobraran un potosí por ver los establos y las vacas moviendo el rabo con perdón. Y encima haciendo una cola kilométrica bajo condiciones meteorológicas adversas.

Por lo menos al final se va  imponiendo la cordura de situar asientos frente a las secciones importantes para contemplar, sino con sosiego sí  despacio, las obras expuestas sin terminar descojonado de la espalda y con hinchazón de pies. Veremos. La idea de poder reproducir en fotocopia de gran formato la obra que te interese aunque sea cara es un buen intento… para el que pueda ir hasta allí, naturalmente. Quizá un día veamos como se apiadan de nosotros—ya lo dudo–, vulgares espectadores, esas granjas colectivas del arte, donde lo mismo te empujan un yogúr de fresa que un suero lácteo no apto para  consumo humano.

 Esto de la pintura no va bien, te lo digo yo.