Bunkerización del Mediterráneo

Nos cuenta un escritor de medio pelo, castellano-leonés de profesión, que otro ídem así como él más o menos, ha dejado de compartir vida y pensamiento en tiempo real con sus lectores a través de las redes sociales. Se supone que ha sido noticia destacada aunque uno no sepa cuando sucedió ni de que otro escritor se habla.

Uno cree que para compartir con el prójimo vida y pensamientos primero habría que tenerlos. No puedo opinar porque no sé de qué escritor habla ni cuando sucedió tal catástrofe para la intelectualidad hispana.

Nos dice el del páramo de Masa que por lo visto los internautas se consideran con derecho a decirte lo que opinan de ti y de tus libros/artículos (que es justo lo que opino yo que no soy gran internauta);  tengo muy claro que si me gasto 30 € en un libro de don Fulano (pongo por caso) que no puedo terminar y lo acabo regalando por bodrio, me considero, no,  tengo todo el derecho de decirle a don Fulano lo que pienso de su libro y de él, siendo plenamente consciente que al citado don Fulano no le va a gustar nada no solo mi opinión sino que se la cuente. De hecho, don Fulano se blindará para no tener que leerme.

Dice el leonés que no tiene ninguna cuenta-e, por tanto no se a qué viene que se ofenda tanto si no podemos criticarlo a no ser que lo pillemos en persona en la taberna de su pueblo, y aún así.

Hace años un escritor famosete de ideología reaccionaria, por no decirlo más fuerte, se quejaba de lo mismo. Decía que constantemente le llegaban cobardes boletines y cartas (sic.), supongo que injuriosas. Lo que no contaba el nene es que se había bunkerizado desde siempre, por lo que no tengo ni idea de a donde le llegaban esos cobardes boletines, etc. Quizá su correo postal era conocido por todos sus enemigos, no sé.

Las injurias que los escritorzuelos lanzan hacia sus numerosos adversarios, esas no cuentan, ojo.

Hace una temporada envié una opinión sobre uno de esos escritorzuelos a la sección de contactos de cierto periodicucho para que se la remitieran al autor– nada importante, solo le hablé de erratas gordas– como así se anunciaba en el titular de dicha sección periodística. Al cabo de unos días me devolvieron la carta en tono irascible: el correo-e que el autor había dado al periódico estaba colapsado hacia años. Obviamente también se había bunkerizado el genio.

Cierto escritor, algo acartonado de lenguaje todo hay que decirlo, añadía tiempo atrás a su firma un correo-e, donde le escribí rebatiendo algunas de sus obscenas opiniones. Recibí respuesta, sí, pero algún tiempo después el escritor suprimió ese correo-e de su firma. Otro bunkerizado más.

La bunkerización de los escritorzuelos, incluso los de algún éxito, que asolan la lengua castellana no es noticia; noticia sería lo contrario, por ejemplo que los periódicos donde colaboran les obligaran a abrir un correo-e operativo. Pero el colérico leonés opina que en pEspaña no debería opinar nadie más que él y sus amigos; ni siquiera sus lectores, que se transforman en convidados de piedra, incluso en enemigos, suponiendo que los tenga (lectores, no convidados de piedra o enemigos). El leonés al parecer, ha descubierto la semana pasada que lo mejor es bunkerizarse, cosa ya descubierta desde hace tiempo por todos los otros, (más de 20 años). De ahí viene el titulo de este artículo: descubrir el mediterráneo (lo obvio) mediante bunkerización, más obvia aun.

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Si un filosofastro con media docena de canales de expresión y publicaciones periodísticas a su casi exclusivo servicio afirma, entre otras mentiras mas soeces aun, que los antitaurinos somos los nazis actuales, aquí a callar todo el mundo por lo visto.

Hay quien echa la culpa al PP en exclusiva de la fascistización de la vida intelectual y la otra. Yo a eso lo llamaría optimismo. El gobierno pepero desaparecerá pero su ideología permanece eternamente para ser retomada por el siguiente. El eterno retorno o algo así era eso, ¿no?

                                               © artemanolo 2018

 

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Periodismo de papel

El lector de papel/óleo s./tela/manolo1992

El centenario de la guerra del 14 no está dando para nada, al menos en pEspaña. Debe ser que aquí no hay bisnes, mejunjes, mogollón, etc. Lo nuestro es el negacionismo del genocidio perpetrado por los rebeldes desde 1936 a 1976.

Huy, se me ha ido la olla. Venía a hablar del periodismo actual.

El periodismo de hoy se caracteriza por muchas cosas modernas. La más principal es la incultura y carencia de conceptos previos de muchos periodistas sobre los temas donde se meten. Cuando uno paga por leer un periódico y/o suplemento en papel espera no tener que tragar enormidades del tipo “me llegan insistentemente cobardes boletines y cartas…” (Sic), afirmado lo cual por un insigne escritorzuelo (incapaz de manejar con soltura la conjunción sino), blindado hasta tal punto que no hay posibilidad de enviarle correos –e, ni ha facilitado jamás ninguna dirección donde mandarle nada por escrito cobarde u osado, es igual.

Otra perla más mejor aun, en este caso de un defensor del lector: “Las afirmaciones cuestionables deben ser desafiadas tan pronto como sea posible”. Como si a los lectores de a pie, los que pagamos por leer en papel, se nos permitiera desafiar nada de nadie, cuestionable o no.

Segunda puntata: las faltas de ortografía y palabros con que nos obsequian periodistas presuntamente escritores profesionales. Más que obsequio es plaga o peste. He ido coleccionando ejemplos sin los buscar; al final uno desiste por puro colapso de mi archivo en papel. A vuelapluma: “se enroló de polizonte en un barco…”, añadiendo al cuesco polizonte por polizón la indicación de enrolarse, norma obligatoria para los polizones como es sabido. Otra de otro (9/14): “El querido líder ya se ha desecho de la cúpula [de mando] de su padre…” Ni siquiera hacen caso del corrector automático por lo visto. Insisto, hablamos de profesionales incluso con libros gordos publicados.

De la tele ni me ocupo desde que oí aquello de “El manto de Lepanto”.

Tercera puntata: la censura, esa especie de plaga bíblica que nos azota desde los tiempos en que Noé se emborrachó con mosto (debe ser lo que farfulló en urgencias). La censura de ahora y siempre exige una taxonomía como para llenar un librote solo con ella. Ejemplos: las cartas y diarios de Kafka no tienen edición integra en castellano. El afamado tomo intitulado Documentos de Miguel de Cervantes está ampliamente podado, ignoramos con qué criterios si los oviere. Los demás autores, supongo que por el estilo.

Tal estado de cosas podemos no obstante criticarlo los lectores de a pie. Podemos escribir a la sección correo del lector, quejarnos; aunque las cartas no sean publicadas (ni falta que hace) crees que tu protesta llegará a la redacción o al autor, causará algún efecto. Pues no, tampoco.  El duro mercado fuerza (?) recortes de plantilla: nadie lee las cartas al periódico; se borran de forma automática o así parece.

La solución para guardar las apariencias consiste en introducir cartas espurias de relleno, elogiosas a más no poder hacia firmas, autores, artículos, etc., probablemente mediante agencias publicitarias de cuota mensual. Autoincienso de pago.  Se nota en lo pedestre de la redacción, el esquematismo de los elogios, la inanidad de los elogiados…

Resumen de contenidos de la prensa actual: “fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista”. (Olé tus cojones, don Jacinto).

©   Artemanolo, 30 de septiembre de 2014